domingo, 12 de marzo de 2017

ODA A UNA MUJER CASADA



Pasado los días
el cielo infinito  también
pareciera comprender la complejidad
y grandeza de este amor.

¿Qué se puede hacer si
humanamente es imposible nuestro amor?

Insistir solo causaría
dolor y sufrimiento

Es mejor la agonía.
Es mejor el grito silencioso.

Aunque quisiera amarla
ese amor debe ser reprimido,
           apagado,
                       desgarrado.

Pero cuánto deseo por verla.
Cuánto deseo por sentirla.
Cuánto deseo por tenerla.

Toda esperanza es imposible.

A partir de ayer es amor prohibido.
Se ha casado entre sueños y deseos.

Ahora no queda en mí
mas que el silencio y los recuerdos.

Su fiesta matrimonial
ha sido de promesas y festejos
y aunque me dicen que la busque
y aunque me dicen que la llame
sé que la he perdido para siempre.

¿Cómo pudo haberse ido
sabiendo de mi tanto amor?

Ahora en brazos de otro
la alegría la acompaña.

Miro lo infinito del horizonte
pensando que solo hasta ayer
desfallecía entre mis brazos.

Qué dulce dolor que se parece a la Muerte.

Continúa sus abrazos.
Continúa su ternura.
Continúa su aroma.
Todo ello sigue en la lejanía
Todo ello sigue en la distancia.


Con las muchas lunas transcurridas
el destino nuevamente cruzó nuestros caminos.
Pasa sin amor junto a él
pero con un giño al pasado.

Bajo las chispeantes estrellas
nos volvemos a ver a solas.

La felicidad parece desbordar mi cuerpo
pero en la profundidad de la noche
no vuelvo a encontrar sus ojos ni su cuerpo ni su aroma.
¡Pero es ella!

Y aunque se desborda y me ofrece el mundo
pareciera un cuerpo sin alma,
como una roca,
como una hoja de otoño.

¿Dónde fue a parar tanto amor?

viernes, 3 de febrero de 2017

MI VIDA




Los días pasan como las aguas del río.
Lo irrefrenable desbocado como el rayo
                                           como la tormenta.

El paso violento de las horas parecen como
las aguas tumultuosas de las grandes cataratas.

¿Quién para impedir lo irrefrenable?

Ante esta profunda desolación,
ante este profundo acabamiento
solo el deseo de vivir cada segundo
                                   cada minuto
                                   cada hora.

Miro el cielo borroso
y me alegra saber que pronto lloverá,
me alegra oír el rumor del río,
el trinar de las avecillas
y el presuroso caminar de las hormigas.

La naturaleza entera pareciera
decirme en su grito silencioso:
     ¡Vive!
              ¡Ama!
                        ¡Disfruta!

¡Este es el lugar!
¡Este es el momento!

Y entonces miro a mi alrededor
y me alegra saber
que aún puedo respirar
que aún puedo hacer imposibles
pero sobre todo que aún puedo amar
porque el amor no está lejos
sino mucho más cerca de lo que yo creía.





jueves, 26 de enero de 2017

UNA AMISTAD



         A mi gran amigo Wilmer Díaz



40 días antes de tu partida.
El mundo sigue con su bullicio,
la gente con su trajinar,
los carros con su embestida,
y las horas con su precipicio.

Las historias se funden,
las promesas se difuminan,
y los planes son metas a realizarse.

Pensamos en los amigos,
en los enemigos,
en los amoríos,
en los engaños.

El trabajo se complica,
nunca hay tiempo para nada.

Una sonrisa.
Una invitación.

Todo se instituye.
Todo parece eterno.

Pensamos en todo,
caminando, compartiendo un cigarrillo,
siempre llamándonos por apodos,
nunca por nombres,
porque quien ama siempre dice no amar
por no decir amar demasiado.

Pensamos, atrevidos, hasta en el futuro,
pero nunca en nuestros cuerpos
                                      fugaces,

pero nunca en nuestros cuerpos
                                 devastados,
pero nunca en nuestros cuerpos
                                        finitos.

El tiempo pasa y las amarguras llegan
como la madurez de los viñedos.

¿Quién para detener lo imposible?
¿Quién para frenar el precipicio?

Entonces el cuerpo mortal se manifiesta
se carcome,
         se devasta,
                   se pudre,
                              se acaba.


Entonces lo infinito se hace de medio metro.
Entonces lo posible irreal.
Entonces lo planeado se hace baladí.

Y es en ese momento cuando todo duele,
y es en ese momento cuando todo pierde importancia,
y es en ese momento cuando los recuerdos se agolpan
y uno se pregunta
el porqué de tantos planes
el porqué de tantos pensamientos
el porqué de tantos ajetreos.

Es allí entonces cuando viene, silenciosa y agazapada,
la que siempre estuvo allí, entre risas y bailes,
con los brazos cruzados,
pero ahora, pasado las horas,
actúa impasible por encima de los rezos,
por encima de las plegarias,
por encima de los lloros,
y es entonces
cuando nos damos cuenta
que la carne pasa,
que el cuerpo se pudre,
pero los recuerdos quedan
hasta el día de la hora final.

Nada como la Muerte que vence a la carne.
Nada como el recuerdo que vence a la Muerte.

Y entre lloros y lamentos,
los recuerdos se hacen más reales que uno mismo,
entonces no hay muerte
solo despedidas temporales.


miércoles, 31 de agosto de 2016

CUERPOS MORTALES




Sobre un lecho artesanal
un cuerpo yace sin memoria
con los ojos fríos
mirando sin mirar a la nada.

La compleja circulación se ha detenido por completo.
     Tan solo es un armazón.
             Tan solo carne fría
como el cuerpo sacrificado
                       de un perro,
                       de un cerdo.

Muchas de las imágenes se p
                                            r
                                            e
                                            c
                                            i
                                            p
                                            i
                                            t
                                            a
                                            n
llegan de la nada y siguen esa dirección.

Imágenes y más imágenes sin pasado
                                           sin presente
                                           sin futuro.

Los dos hijos miran el cuerpo inerte del padre.

Al final todos los deseos solo
llegaron a los pies del catre.

¿Qué fue de todo lo bueno?
¿Qué fue de todo lo malo?

Siempre tratando de ganar al minuto
deseándolo todo,
y a la vez
perdiéndolo todo.

Qué fácil se han ido
los hombres con el tiempo
sin llevar nada
sin llevar nada.



jueves, 9 de junio de 2016

VIVIR


    

El cielo estrellado da
cuenta de mi existencia.

¿Desde cuándo estuvieron ellas?
¿Hasta cuándo esteremos nosotros?

La vida del hombre debajo
de esas luces intermitentes.

Los días pasan entre abrazos.
Los días pasan entre lejanías.

¿Qué quedará de nosotros
de este viaje sin retorno?

Respiro el aire fresco de los maizales,
oigo el rumor del riachuelo,
veo el hechizo de los deseos fugaces.

¡Este es el día!
¡Este es el lugar!

Tantos años luchando contra la adversidad
cuando la vida es dejarse llevar
por el dictado del corazón.

¡Cuánto deseo por un abrazo sincero!
¡Cuánto deseo por un amor verdadero!

La noche se va esclareciendo
y las estrellas, tan brillantes
que estuvieron, van desapareciendo.

Una de ellas, la más lejana y
de chispeante agonía,  parece decirme:

            “La vida se acaba.
            Ama rápido.
            No preguntes ¿por qué?
            No preguntes ¿para qué?”

El amor es ser mar.
Es amor es ser estrella.
El amor es sentirse vivo en
este mundo tan inmenso, tan ido.



martes, 24 de mayo de 2016

EL QUERIDO MAESTRO OSWALDO REYNOSO



Desde muy niño siempre soñé con ser un escritor, pero nunca se lo dije a nadie por temor a una desilusión. Ninguno de los que me rodeaban tenía idea de lo que era meterse en este lío, hecho que aumentó mi pesar. Para cumplir con este sueño sentía que era necesario pasar por la Universidad San Marcos, no sé por qué pero siempre relacioné la literatura con dicha universidad.
Cuando ingresé a esta institución  lo hice con muchas ilusiones y también con un puñado de cuentos de amor y de muerte pero fue en el 2005 cuando recién el libro de relatos estuvo listo.
En ese tiempo la siempre grandiosa Inés, (que ahora, dicho sea de paso, está felizmente casada con un abogado tributarista en la madre patria) me dijo secamente:
Hace más de dos semanas estás amenazado con robar un banco para publicar tu libro, si bien en tu niñez fuiste todo un golfo ahora tienes que ser distinto, no es necesario que robes nada, yo te prestaré el dinero que necesites para que cumplas tu sueño pero en cuanto tengas el dinero me lo devuelves, haz entendido, las cosas prestadas se devuelven.
Solo me quedó mover la cabeza en señal de aceptación, qué más iba a pedir si ninguno de mis ancestros quería desprenderse de un penique para una empresa tan árida porque estaban convencidos que dicho proyecto era algo así como tirar la plata al agua.
 Un 10 de abril salió mi primer libro de cuento a la que titulé sin consuelo “La vida no vale nada”  y lo fui distribuyendo entre amigos pero luego, como quien cumple una formalidad, sentí la imperiosa necesidad de hacer la debida presentación en la universidad, pero allí nuevamente otro inconveniente que Inés me hizo reparar:
Necesitas a un buen escritor que presente tu libro.
La mente, como siempre me sucede en las cosas importantes, se me puso en blanco.
En lo que va de tu vida a qué escritor más admiras.
Y sin que me quepa alguna duda dije con firmeza
Oswaldo Reynoso.
Y junto a la aguerrida Inés nos fuimos a buscarlo por todo Lima, entramos al queirolo, al cordano, al bar don luchito, etc. mientras que el hombre, ese día, estaba bien sentado en su casa tomando leche frasca en medio de libros y libros.
Inés fue la que habló primero, aunque yo siempre me ufanaba de ser diplomático en realidad ella sí lo era, luego de una hora nos vinos charlando amenamente con ese escritor a quien yo siempre había leído pero que por primera vez veía en persona. Pasado los minutos por fin me dijo:
Déjame el libro, si me gusta lo presento, ¿de acuerdo?
De acuerdo dijo Inés con tal seguridad como si el libro fuese de ella.
Nos fuimos por toda la avenida hablando de Oswaldo Reynoso, Inés recién en ese momento confesó que se sentía deslumbrada. La vi con los ojos chispeantes y en un cruce de tres caminos me abrazó muy fuerte dándome las gracias por todo, abrazo inmerecido porque era yo bien debía agradecerle.
A la semana siguiente el maestro Reynoso me dijo, para sorpresa y felicidad mía, que aceptaba presentar el libro y que le dijera la fecha y la hora y así lo hice.
 El 30 de mayo del 2005 a las 6: 55 pm  todo estaba listo, el auditorio de letras estaba repleto, los libros en la mesa, la maestra de ceremonias no podía ser otra que la inefable Inés y el buen vino seguía macerándose unos minutos más, pero ¡oh sorpresa!, ni rastros del presentador, Inés tenía el color de los huesos de las momias de paracas, sin embargo, yo aún no perdía las esperanzas dado que  última conversación que tuvimos me reconfortaba:
Querido Abraham, estaré a las 7 pm en el auditorio de letras, palabra de creador.
Y en efecto, no sé como pero de pronto a las 7 pm lo vi entrar con pasos lentos pero firmes por el la puerta principal de letras, venía bien abrigado, con una bufanda en el cuello, reflejando en los ojos la felicidad y los sueños de un hombre libre.
Siempre recordaré sus palabras. Era la primera vez que alguien hablaba de mi trabajo, quizá una palabra mal intencionada me hubiera desalentado pero el buen Reynoso solo tuvo palabras de elogio  que me devolvió las fuerzas y las ganas para seguir escribiendo, sentí que no estaba solo, que el empeño y disciplina habían hecho posible incluso que tanto los asistentes como el mismo Reynoso estuvieran presentes ese día.
Siempre recordaré un consejo que me dio cuando estuvimos a solas y es por eso que no habrá nada en este mundo que me quite el sueño de seguir escribiendo, por eso cuando me enteré que el escritor Oswaldo Reynoso había muerto me sentí muy triste, como si un familiar muy cercano se acabara de “ir”, y no porque se tomara el afán de presentar mi libro sino porque veía en él a un ejemplo de creador, de hombre libre y consecuente,  de alguien que ha nacido para alcanzar sus sueños así tenga que morirse de hambre en este mundo de infortunios.
Adiós maestro hoy me tomaré una cerveza Pilsen bien al polo en tu nombre.





viernes, 22 de abril de 2016

EL VIAJE





Soñar yéndose lejos.
Siempre de prisa.

Empacando preguntas.
Desempolvando sueños.

El viaje es inevitable.

El viaje tiene que darse
a pesar de los deseos.

Curiosidad por la lejanía,
por la distancia,
por lo desconocido.

¿Dónde está ese país a
la que siempre viajo
pero que hasta ahora no llego?

Nada más incierto
que un viaje sin término.

No dejo nada y tampoco
llevo nada.


Volver ¿pero a dónde?
Hasta los recuerdos han
quedado devastados

después del último minuto.



martes, 10 de noviembre de 2015

EL ABUELO AURELIO Y SU NIETO CAMINANTE





La claridad de la noche.
La luna llena devolviéndome la infancia.
No hay límites, solo estrellas y más estrellas,
una más brillante que la otra, chispeantes
como llamando, impacientes, la atención.

El inmenso cielo azul.
Qué mundo.
Qué universo.

Tanto infinito y yo solo mirando
durante toda la vida, el suelo polvoriento.

Sale el abuelo, caminando lento,
tanteando el mundo con su cayado.
Siente el silencio, me palpa el rostro
y murmura lento como para no espantar el amanecer:

“Hijo, todo los viajes siempre
te llevarán al mismo lugar.
Disfruta de la estrella
                                  siéntela,
                                  imagínala,
                                  gózala.
No te afanes con tocarla con las manos.

La vida no ha sido para tocarla
sino para sentirla, imaginarla, gozarla”.

Toma asiento lentamente en el pajonal
y su gastado cayado está siempre
como su sombra al amanecer.

De pronto un cachorro juega entre sus piernas
mordisqueándole sus viejas sandalias de pastor,
lo levanta sonriente de las patas delanteras
y entre saltos le hace danzar y el cachorro
de orejas largas baila con el mismo
brío de los saltamontes en primavera
y el michifus, a unos metros,
con las orejas de lanza,
mira la escena sorprendido.
Sus ojos son la inmensidad.

Entonces digo para mis adentros:
“Eso es vida, esa es la estrella que persigo”
Pero luego recuerdo que había ido temprano
solo para despedirme y me despido sin saber,
una vez más, a dónde iré ni cuándo volveré.

Miro esos ojos llenos de tiniebla y veo tanto
tiempo ido y me digo:
“¿Para que ir tan lejos si allí, entre estrellas y seres queridos, está la felicidad?



    (Martes 10 de noviembre 2015)

jueves, 5 de noviembre de 2015

EL HORIZONTE






¿Qué hacer con tanto amor?
¿Qué hacer con tanto sueño?
¿Qué hacer con tanto tiempo que se acaba?

El cielo se estrella entre nosotros.

Salir huyendo pero ¿hacia dónde?
¿Buscando qué?

Hasta lo más grande, con el tiempo, se hace tan poco.

El sol, las estrellas, el sol, las estrellas, el sol, las estrellas…

Sigo mi camino interminable.

Quizá detrás del horizonte esté la calma.


Pero, ante la verdad, ¿dónde quedaron mis sueños?







lunes, 30 de marzo de 2015

TOMAS TRANSTRÖMER UN POETA QUERIBLE



Hoy 27 de marzo 2015, me acabo de enterar del lamentable deceso del poeta Tomas Tranströmer y una vez más, cuando pasan estas cosas, un dolor profundo invade mi corazón.

Recuerdo que de manera casual, el 2010 compré en una librería parisina el libro “Baltiques et autres poèmes” y muchos de sus poemas me dieron el entusiasmo que necesitaba con urgencia en ese momento. Semanas después como agradecido, escribí un texto sobre mis impresiones de la vida y obra del poeta sueco. Busqué información referente al tema pero Tomas Tranströmer era casi un perfecto desconocido.
Ese mismo año una fabulosa noticia me conmocionó hasta la incredulidad, la Academia Sueca daba como ganador del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa. Valentina, una bella y complejísima compañera italiana, adoraba como nadie a Vargas Llosa e incentivada por ella decidimos viajar a Estocolmo el 10 de diciembre para ver con nuestros propios ojos como este ilustre escritor recibía los honores respectivos.

Llegado el día partí, como lo acordado, con una simple maleta de James Bond y en contadas horas estuve en el aeropuerto de Estocolmo esperando a la siempre complejísima Valentina que hasta ese momento no daba señales de vida, cinco horas después de inquietante espera, me escribió un mensaje, la aerolínea italiana elegida había suspendido sus vuelos por mal tiempo y que no sabía a ciencia cierta si ella llegaría a viajar o no.
La situación no podía estar peor, ¿qué haría yo con ese inglés tan pobre que a las justas llegaba a pronunciar Happy birthday to you y con ese frío que ni en París de mis primeros días había sentido?
Casi a la deriva y con la temperatura que seguía descendiendo, traté de descubrir por mi propia cuenta esa ciudad de cristal, casi no había gente por la ciudad, solo veía el veloz paso de los coches, no podía ser posible, a qué ciudad había llegado y yo no podía estar más perdido y lo peor fue que cuando llegué a las instalaciones de la Academia Sueca, esta estaba tan custodiada que ni el mismísimo Sumo Pontífice sin su dorada invitación jamás hubiera podido entrar.

Ante tal despliegue de seguridad ni me atreví a decirles que por favor me hicieran un campito, que un compatriota del Nobel había llegado, todo intento hubiera sido en vano; sin embargo, en honor a la verdad diré que si Valentina hubiera estado allí estoy más que seguro que sí entrabamos y por la alfombre roja, no sé cuál era su encanto pero a ella nunca se le podía decir que no, es por ella que yo también estaba allí tiritando de frío que ni el más curtido esquimal  hubiera soportado.

Tras rondar muchas veces el palacete me convencí que no iría a entrar, sin Valentina no tenía sentido hacer el más mínimo intento. Me quedé mirando de lejos por si veía por allí a Vargas Llosa, solo alcancé a reconocer a uno de sus familiares y cuando calculé que ya había empezado la ceremonia, desalentado y muy desilusionado me fui a perder por una de esas largas avenidas de nombres irrepetibles.

Traté por mi cuenta de descubrir la ciudad. Desde que me di por primera vez con la nieve parisina siempre he sentido, en ese unánime mundo blanquecino, cierto desamparo y en ese momento que estaba más lejos de todo con más razón todavía. Preferí meterme a un bar de puertas y ventanas grandes que me hicieron acordar las casas coloniales de Lima.
A las 8 de la mañana, en el preciso momento de cambio de personales y cuando los mozos ya estaban mirándome con cara de pocos amigos, justo en ese momento Valentina llegó como un ventarrón, cuando estuve por decirle cómo me había logrado ubicar, se adelantó diciendo que el único bar de todo Estocolmo donde uno se podía quedar toda la noche llorando y suspirando por los amores perdidos era ese y yo sin saber había llegado a recalar a ese recinto. Por mi parte solo diré que el instinto a veces es más poderoso que cualquier designio sensato. Quise decirle, empujado por el alcohol, el porqué de tantas imposibilidades pero preferí lo más cuerdo.

Agradecí su presencia a pesar que el verdadero motivo de nuestro viaje ya se hubiera concretado. Replicó, amorosa, que lo más importante después de todo era estar juntos viviendo ese instante como un adelanto de luna de miel.

Recorrimos en bicicleta gran parte de la ciudad, las calles, plazuelas y edificaciones eran tan asombrosas que daba ganas de quedarse mirando por siempre. De pronto a Valentina, aprovechando su estadía, se le dio por querer visitar a un amigo que tanto le había ayudado cuando estuvo en Caracas hacía unos años atrás. Fui casi contra mi voluntad, cuando llegamos, Guillermo, un venezolano  de unos 70 años, que estaba justo por salir a ejercer una de sus pasiones componer y descomponer pianos antiguos, quedó gratamente sorprendido  y para no sentirse mal nos  propuso dos opciones: o nos quedábamos en casa o lo acompañábamos al lugar donde lo solicitaban. Preferimos lo segundo, es más nos dijo “el señor que van a conocer es buena gente y digno de admiración”.

En el camino le contamos lo sucedido, le resultó muy gracioso nuestra ingenuidad, nos dijo que la Ceremonia del Nobel era una reunión tan privada que por nada del mundo hubiéramos entrado.

Cuando llegamos la señora Mónica nos recibió muy amable, parecía tenerle mucho afecto a nuestro amigo venezolano y casi de inmediato añadió que Tomas ya no tardaría en salir.

Por intermedio de Guillermo que hablaba muy bien el sueco, le pedimos disculpas por nuestra intromisión. Minutos después, cuando Guillermo miraba a ojo de lupa las cuerdas de ese sencillo pero antiguo piano, hizo su entrada silenciosa un hombre con un cayado de pastor en la mano izquierda y la derecha a la altura del pecho visiblemente inmóvil, Guillermo dejó de hacer sus cosas y procedió a saludarlo con sincero afecto. Tras ello volviéndose, me dijo:
-Querido Abraham te presento al poeta Tomas, Tomas Tranströmer.
Yo que ya había estado pensando que ese rostro me parecía haberlo visto en algún lugar, quedé azorado. No podía creer que estaba en casa del poeta que muchas veces en la universidad Sorbona había hablado y discutido con mi amigo Miguel Lerzundi sobre el valor y la condición eterna de la poesía. Sencillamente no podía creerlo.
Por intermedio de Guillermo una vez más le dije que su poesía me había ayudado mucho en momentos de insalvable vaciedad y que incluso tanto fue el fervor que realicé un artículo para mis clases de Literatura Comparada. A su vez Tomas Tranströmer no podía creer que su fama hubiera llegado, por decirlo así, hasta Perú. Pero mi sorpresa fue más grande todavía cuando habló elogiosamente de César Vallejo y de José María Eguren, los había leído atentamente tanto así que a este último incluso había pensado en traducirlo.

Pocas veces me sentí feliz y esa fue una de ellas. Nunca llegué a ver a Vargas Llosa en Estocolmo pero sí a Tranströmer y sin proponérmelo. No sabía si abrazarlo o besarlo. Mónica, su compañera, viendo mi suprema emoción, me obsequió una de las ediciones de sus poemas en sueco, obviamente con dedicatoria incluida. Me retiré de su hogar casi levitando y soñando de lo extraordinario que podía ser el azar.

En el aeropuerto le agradecí mucho a Valentina por todas las cosas bonitas que nos sucedían, me propuso irme con ella a Italia pero por miles de asuntos le dije que me era imposible. En replica sincera le dije que regresáramos a París, que viviríamos juntos pero por millones de cosas que tenía que hacer me dijo que también le era imposible. Nos abrazamos fuerte como no queriendo comprender el porqué de la ironía de amarnos tanto y tener que separarnos. La maldición de la distancia una vez más se oponía.

Ella regresó rumbo a Bolonia y yo nuevamente a París. Me fue difícil superar esa rarísima sensación de alegría y melancolía a la vez.

En mayo del 2011 realicé una visita relámpago al Perú por el tema de mi doctorado y en esos ajetreos un jueves 7 de octubre a las 7 a.m. hora peruana recibí una llamada, era Valentina y exaltada y llorando de emoción me dijo:
-No sabes quién acaba de ganar el Nobel.
Sabía que siempre se daba dicho premio por esos días pero no tenía la menor idea de quién lo había ganado
-Tomas Tranströmer -me dijo como si quisiera despertar del sueño- y pensar que lo conocimos en persona.
Recordé su sencillez y nobleza. Me sentí muy contento que el indescifrable Tomas Tranströmer se hubiera hecho con el Nobel.

Hoy, estando en Perú, recibo esta triste noticia y su imagen se aleja tal como un día de otoño se alejó la siempre inasible Valentina cuyos actos desencadenaban un cielo a medio hacer de sorpresas.

(Lima, 27 de marzo 2015)