miércoles, 17 de diciembre de 2008

Arrancad las semillas, fusilad a los niños.





Kenzaburo Oé


Desde las primeras páginas nos adentramos a un mundo hostil y degradante, todo ese peregrinaje es una ruta hacia el infierno, los niños son testigos mudos del horror de la guerra. En ese reformatorio vivirán la peor pesadilla de sus vidas, en esa lucha contra las fuerzas opresoras se darán cuenta de un detalle: sus vidas no valen absolutamente nada. Es un moridero donde los más fuertes se traicionan a sí mismos con tal de sobrivivir. En ese lugar se puede abrigar cualquier cosa pero menos esperanza. Ya desde esta primera novela, Kenzaburo Oé demuestra su preocupación por la condición humana.