sábado, 3 de septiembre de 2011

Walter Lingán y la recuperación de la memoria


     Nació en San Miguel de Pallaques (Cajamarca) en 1954. Poco tiempo después su familia se trasladó a orillas del río Utcubamba junto con la etnia Aguaruna. Continuando su camino antes de los 13 años se instaló en Lima (Comas) donde participó muy activamente en los debates que promovieron los obreros; este ambiente le fue propicio para participar en la formación de periódicos como “El Obrero” y “Opinión Barrial”. Desde 1982 radica en Alemania. Si bien se ha establecido en este lugar su relación estrecha y entrañable con el Perú se manifiesta en gran parte de su producción literaria.

      Los años 80 marcó el inicio de una de las etapas más difíciles de la historia republicana del Perú, la violencia política empieza a manifestarse en todo los niveles, el gobierno de turno trató de silenciar a todos los opositores, algunos medios de comunicación fueron intervenidos y aunque “Opinión Barrial”, fundado entre los años 1977 o 1978, “no significaba mucho” sus responsables fueron detenidos, Walter Ligán también va a parar con sus huesos a la cárcel, y su madre como tratando de evitar una desgracia, sentenció, lo que en su momento, quizá fue lo más razonable: “prefiero tenerte lejos y saberte vivo, que aquí a mi lado muerto en cualquier momento”. Sin otra oportunidad y aprovechando una milagrosa beca que le llegó como caído del cielo, Walter Ligán se trasladó a Colonia, Alemania. En este país estudió lo que será su segunda vocación: la Medicina. 


El autor ha confesado que su inquietud literaria nació desde la fecha en que leyó “El lobo estepario” del escritor alemán Herman Hesse, la lectura de este libro en plena adolescencia afirmó su interés por la lectura que derivó posteriormente en la creación; pasado el tiempo, Walter Lingán, se ha convertido en un autor interesante y digno de tomar en cuanta y con cada libro publicado pareciera que escuchara la voz de su madre que desde el fondo del patio le dice “Estudia hijo, aprende a leer y escribir para que tengas otra vida, para que el Perú cambie…”

Es en estos avatares donde el autor nos entrega libros como Por un puñadito de sal (Novela,1993), El lado oscuro de Magdalena (Novela,1996), Los tocadores de la pocaelipsis (Cuentos, 1999), La danza de la viuda negra (Cuentos, 2001), Oigo bajo tu pie el humo de la locomotora (Cuentos, 2005), La ingeniosa muerte de Malena (Cuentos, 2009), Un pez en el ojo de la noche (Novela, 2009), El espanto enmudeció los sueños (Novela, 2010). 


El espanto enmudeció los sueños narra la injusta prisión del periodista Gustavo William Hernán Ricardo de la Hoz Díaz del Castillo. El Barrio es el escenario que grafica las injusticas cometidas por los gobernantes de turno, el personaje hace todo un recorrido desde el gobierno de Juan Velazco Alvarado, Francisco Morales Bermúdez, Alan García y Alberto Fujimori. Las matanzas de parte del estado (el terror se combate con más terror), Sendero Luminoso (los Paladines de la Cuarta Espada) que dejan muerte y destrucción por los caminos que recorren, la inoperancia del Congreso de la República (Congrezooo), la corrupción y zozobra en el período de Alan García (Alan Babá y sus cuarenta ladrones), Fujimori y su gemelo “mafioso” Vladimiro Montesinos, hasta llegar a Keiko Fujimori, la estudiante de los millones.

Proveniente de una familia de bajos recursos, el Periodista, “observa” los distintos acontecimientos históricos en el que prevalece la injustica, corrupción y violencia. 

Pagando una culpa que no cometió el Periodista será recluido en prisión acusado de terrorismo, en este lugar por cosas de la vida, llega a coincidir con el ex presidente Alberto Fujimori, gracias a este hecho Gustavo tendrá oportunidad de decirle toda su verdad, más que conversación su intervención se convierte en un monólogo porque “el Chino” todo el tiempo permanece en silencio, el otrora “mandamás” en ese momento permanecía mudo e impasible. 

Le habla de tú a tú con un lenguaje coloquial y visceral propio de una generación que sufrió las consecuencias de una dictadura en la que gobernó el ultraje y autoritarismo. 

El personaje no puede ocultar su odio por todos los actos injustos como es el caso emblemático de La cantuta y Barrios Altos; nos trae al recuerdo la tragedia que pasa Raída Cóndor y la búsqueda infatigable por encontrar a su hijo Armando o el caso de de Angélica Mendoza de Ascarza que mueve cielo y tierra pero su hijo ya había sido asesinado por el “escuadrón de la muerte”. 

El personaje nos trae al recuerdo las injusticias y atropellos cometidos también por los anteriores mandatarios, Soccos, Puccayacu, el Frontón, Accomarca, etc, hace un recuento rápido por todo ese período de muerte donde las víctimas hasta la fecha no encuentran justicia.

La palabra de un inocente cobra importancia porque representa a uno de los tantos ciudadanos cuyos derechos fueron atropellados.

Como un elemento simbólico al final de la novela se presume que Gustavo sin poder contener su furia habría asesinado a Fujimori, no se cuenta las acciones, sólo el cuerpo del presunto ex mandatario yacería sin vida en la celda del Periodista.

Walter Ligán nos estrega un libro sucinto, ágil y didáctico y cuando el olvido parce general, hay libros como este que nos hacen acordar, y cuando las autoridades parecen querer olvidar, la voz de las víctimas y deudos parece escucharse cada vez más fuerte: ni perdón ni olvido sólo justicia.