martes, 20 de marzo de 2012

Ella soñaba con el mar por Iván Blas Hervias



Algunos comentarios de mi reciente libro:

 


Narrado con impulso decisorio “Ella soñaba con el mar” de Abraham Prudencio da cuenta, con soltura en la narración, definición del perfil exacto de sus personajes, una versión evocadora del pasado y maestría en la técnica, que el quehacer del narrador es ardua tarea y el oficio del creador de responsabilidad con su tiempo histórico. Ella soñaba con el mar es una pequeña obra maestra donde confluye el amor, la esperanza y la vida. Un retrato de estampas vivenciales, una experiencia de un inmigrante latinoamericano en Europa, un análisis espectral de la sociedad contemporánea entroncado con el influjo de la mejor literatura latinoamericana, descubre un tono literario depurado que muestra los ribetes bien definidos de una obra clásica.

Comentarios:

Ellas sueñan  con el mar, Pancho, un latin- lover peruano  víctima de un grave mal de amores lleva una vida  excesivamente bohemia que de modo inevitable le arrastrará a un punto inverosímil, de verdadero trastorno tormentoso cuando crea descubrir  a “otro” que no sólo resulte ser semejante por su identidad documentaria, sino, una copia fiel de sus características esenciales;  ambos escriben, ambos publican, ambos editan con los mismísimos títulos. Pero, la gota supra real de toda esta historia será el intercambio de amores como una maniobra orquestada por un destino condenatorio.
 Pancho, o Abraham Prudencio; de Paris o de Praga, admiten con una actitud sorprendente esta burda réplica, como un dictado natural sin cuestionamientos de fondo alguno; solo con una llamada inocentona hurga: Mamá, ¿tengo un hermano gemelo que no me lo has dicho? ¡No, tú eres el único! Fin de la intriga. Y, de pronto más música, más whisky; hasta que siente de manera implacable la voz de Belleville, el perro; una mezcla de San Bernardo, labrador con Chihuahua: Tú no estás loco Pancho,  porque amas; loco está el mundo, le dice, le consuela, le alecciona, filosofa. Belleville es el personaje más cuerdo de todo este cuadro.
Las bellas, que sueñan con mares en distintos hemisferios anclarán sus demonios de pasión, capricho, en paisajes de reencuentros o búsquedas deliberadas. Delphine después de una indagación infructuosa tras las pistas de Pancho en Paris partirá obstinadamente a Praga donde creerá recuperar a ese su  latin-lover de todos tiempos. Beatriz que  viene de Praga luego de un loco adiós de su novio Abraham Prudencio asistirá por azar a un vernissage; lugar propicio como predestinado porque allí encontrará por fin a ese amor que en largos sueños ha buscado. ¡Pancho! Exclamará ella, cuando el autor de este libro se encuentre abstraído  garabateando dedicatorias.   
                                                                                                           Iván Blas Hervias