domingo, 14 de diciembre de 2014

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS O LOS RÍOS PROFUNDOS DE LA VIDA



No cabe duda que con la publicación de Los Ríos Profundos en 1958, José María Arguedas marca un hito importante en el campo sociológico, antropológico y más que en estas disciplinas será en la literatura donde causará un revuelo pocas veces experimentado por escritor alguno, zanjando de esa manera y de forma definitiva, esa vieja  distinción  antagónica (literatura urbana-literatura rural)  y esto  lo logrará gracias al sincretismo  funcional de ambas  culturas.
Con esta afirmación no se intenta desmerecer los logros alcanzados por autores  como  Clorinda Matto de Turner, Enrique López Albújar o Ciro Alegría Bazán, sino que la literatura  en germen se convertirá luego en una nueva literatura (real indigenista)  que se inicia  con  José María Arguedas, porque es el único caso  en que uno del ayllu habla del ayllu y por el ayllu y con la ventaja  fundamental de conocer el quechua y de su complejidad.

Arguedas no plantea al indio como solución sino que su labor radica fundamentalmente, y en esto se basa su quehacer, en la concientización  de la sociedad para darle de esa manera la funcionalidad tan lógica como necesaria para el resurgimiento progresivo de toda  buena sociedad.
Tras largas temporadas en el infierno, Arguedas sale por fin de su estado comatoso para publicar lo que tiempo después sería su novela más celebrada: “Los ríos profundos”. Todo el armazón  técnico de este enorme  castillo  de palabras  se basa en un protagonista  que también es narrador, pero que luego se distanciará del protagonista, tanto el tiempo como los personajes son también marcadamente antagónicos, se mueve entre el pasado  y el presente con mucha soltura. 
Este tránsito temporal que analiza y ausculta, le ayuda a construir la imagen más fidedigna posible del mundo cuya mayor empresa radicará en la de haber grabado toda una época con toda sus virtudes y desventajas, más que su evaluación personal será la visión que tiene del conjunto para poner en claro que este mundo que parece uniforme y lineal es en su complejidad más tormentoso y problemático, por esa razón señala y puntualiza el conflicto que se deriva del choque de esas  dos culturas, más que una preocupación particular del momento es una preocupación general, pues en su lógico interpretar de la consecuencia de esa pugna el vencido no será  otro que el indio y esta  es una de las casusas para el gran descontento, pues desde el mismo momento en que se produce la subyugación, la sociedad  se paraliza para que  a partir  de ese momento solo reine  la ley del más fuerte, la del hacendado y mandón por esa razón: 

“Para Arguedas, por el contrario, “lo que es” no podía estar  separado de lo que debe ser. Por otro lado, tampoco podría estar desvinculado de toda la gama  de los efectos  que dicha realidad  producía en el sujeto conocedor”. 1

           En efecto Arguedas hace una expresa  denuncia  de todo particular para distanciarse así de ese momento oprobioso para intentar darle la palabra  al mudo (indio). Es la generalización  de todo un  proyecto para tratar de validar  a aquellos que los pocos creen que no tiene nada  de valor  o que en todo caso su valor no es significativo. Guiado por esa mentalidad no dudará un segundo en denunciar  el latifundio  feudal o semi feudal. Desde el momento  en que se le intenta dar una viabilidad a ese problema, hay una toma de conciencia para con el tiempo e historia,  hay una intención clara y esa es de  darle  una  solución. El goce y el desprecio se dan cuando el hacendado lo ve estirando la mano temblorosa y desesperada, agachando la cabeza porque  el que carece de dinero  no tiene derecho a opinar, tampoco puede entrar a la sala  principal  porque sus ponchos  y ojotas dictaminan  su procedencia y más que la vestimenta es su pastoso quechua que más que causar lástima, causará vergüenza, por esta razón el patrón no se creerá  más que un campesino, sino más que todo el ayllu. En esta novela explosiva, las esquirlas salen disparadas  por todas partes, pero solo tiene un blanco  fijo  y determinado: el patrón abusivo.  

La visión de esta problemática nos trata de poner en el momento mismo de la convulsión para hacer de nosotros sujetos actuantes, pero no de manera coactiva, sino  de la forma  más sutil, casi diplomática, mediante el uso de símbolos y metáforas. A partir de esta incesante lucha, el dominador tratará de irrogarse del efecto  y sentido del dominado, es decir, de su vida. Dejándose llevar por los hilos de la causa, al intentar recuperar  a ese mundo que él tanto quiere, dará como resultado la recuperación de sí mismo; sin embargo, el mundo que trata de recuperar está siendo devorado por otro, pero que es inmensamente  mayor que él. Por esa razón  Arguedas está  en un tiempo  y espacio bastante  conflictivo  y contradictorio, es a la vez víctima y victimario, está sumergido dentro de esa lucha  dialéctica porque  el mundo  donde  está se encuentra devorado  por otro más grande de donde también es originario.

Arguedas es sinónimo de Ernesto, es ese niño que pasó su infancia en el ayllu riendo y llorando, pero siempre a lado de ellos y que por ser forastero “acaso necesitaba más cariño”. Es ese mundo ordenado, comunal y sobre todo comprensivo el que llevará a comparar, tiempo después,  con el otro  mundo  donde solo reina la maldad y ambición.
 “Y nosotros podemos concluir  nuestra  crítica  diciendo que la civilización les ha ofrecido lo que suele ofrecer, coca cola, radios y, a falta de médicos un mantenimiento de las supersticiones  que si bien no ayuda  a solucionar los problemas, al menos sirven  de mecanismos de adaptación  para que los marginados,  como se dice,  no causen mayores  desajustes, mayores problemas  al sistema dominante”.2

           Esa comparación lo lleva a concluir que el mundo emergente no tiene razón  de ser, pues toda su estructura  está  manchada  por todo lo  negativo que uno  pueda imaginar, y peor todavía, no se ataca a un objetivo o material, sino al mismo hombre intentando invalidar su propia razón de ser, ese es el reclamo de Arguedas ya que si el sistema sigue conducido por aquellos que creen tener la razón de la sinrazón, el destino del hombre estaría destinado a desembocar en la desestructuración de poderes normados por leyes y dictámenes, y estaría erigiéndose la ley del déspota y malhechor.
Solo los que  están comprometidos  con su sociedad  tienen  el valor  de llamar  a las cosas por su nombre, sin esa conciencia el individuo perdería su más elemental esencia
  

“En términos más concretos y más políticos, creo que Arguedas  sintió, como Mariátegui, que no habría peruanidad  sin el  indio, y también, como lo creemos hoy, que el Perú  no sería posible  como nación fuera de la democracia y el socialismo”.3

           Su visión global es la de un integrador de sociedades para un fin común que es el bienestar social, para el logro de este fin se tiene que replantear los mecanismos  ya existentes, pues no se puede pedir lo bueno de algo que desde sus  inicios estuvo mal, y más que cambio es la toma de  conciencia de  sus congéneres para que de ahí se pueda llegar  a cualquier parte, esa conducción tanto lógica  como elemental  se ve obstaculizada por ciertos intereses creados que tratan de sabotear el bien común, se prefiere el bien particular antes que nada.

“Por otro lado el indio ve en el patrón una imagen aterradora y protectora  porque sin la voluntad del patrón, no pude disfrutar de los pocos bienes que disfruta y, al mismo tiempo, siente que es un tirano  dueño de su vida  y de los instrumentos que le  sirven de consuelo”.4

Ese carácter de dependencia es  el que obliga a estar inmerso dentro de ese círculo  vicioso  cuyo único fin es el empobrecimiento del indio, esto causará una amargura  profunda, aun más en almas sensibles

 “Ernesto reconoce esta situación  de dependencia, la sufre, pero se revela  frente a ella. Para el muchacho la costa  no solo significa la violencia contra los suyos, contra doña Felipa y sus chicheras rebeldes, a las que admira incondicionalmente, significa, también un tipo humano, una nueva forma de cultura, una moral que deprecia y condena”5.

Por esa razón Ernesto se siente extraño en esos dos mundos, no entiende tanta maldad y más aún la separación de su padre llega a debilitar las fibras más sensibles de su ser. “Después de un período  en que su relación se profundiza, sobreviene  la separación que precipita  en el niño  un sensación  de desamparo  profundo e influye en su  personalidad”.6

Pero su problema  no está tanto en esta  separación, sino que no tiene  a nadie  que le haga entender que ese mundo  de monstruos es así, que no solo tiene elementos buenos,  como lo encontró en el ayllu y que él recibió  a manos llenas, sino  que también está infestado de podredumbre e inmundicia, ese es el  problema de Ernesto, se entrega muy inocente a ese mundo corrompido donde toda maldad le cayó encima, de golpe, de ahí  su capacidad, su extrañamiento ¿el mundo es así?, y al tratar de cambiarla  se verá forzado a luchar contra el mal, lo paradójico resulta que su propio  tío “el viejo” representa a una parte de la maldad. Ernesto no querrá reconocerlo  como tal  porque este, aparte de ser avaro, “tiene el alma como la del demonio” donde los colonos son parte de su  propiedad, este es uno más de aquellos que viven bien  a costa de los otros, estas dos  fuerzas contradictorias  se mantendrán constantes desde el inicio hasta el final de la novela.   “Como ya se ha dicho, los colonos aparecen en “Los Ríos Profundos” en un nivel prácticamente sub-humano  (“apenas levantados  del suelo” p, 46) incapaces no solo de toda acción sino hasta de toda reacción”7.

Ernesto que está por encima de las circunstancias, tendrá su posición fija al respecto, es decidido y contestatario, en su posterior accionar será consecuente y progresivo, lo hace porque sabe bien que:

“La grandeza del pasado indio  contrasta agudamente  con la  condición  presente de sus habitantes. El pongo es el elemento  que materializa esta condición presente de sus habitantes. El pongo es elemento que materializa este contraste en la capital imperial, en su condición de hombre  reducido a la  servidumbre, y al hacerlo  refuerza también su condición  de escogido”8.

Esta realidad injusta lo impulsa a cambiarlo todo, es una obstinación, pues sus hermanos no merecen estar condenados a la más vil degradación a la que  están  sometidos (el pongo y sus miserias) entonces buscará revertir el difícil momento: “El posible desenvolvimiento de los hechos sigue vislumbrando, dentro de la concepción poética y la búsqueda  de justicia que el narrador desea para la condición del indio”9.
           Y esto sí que es difícil y no solo por la situación sino también porque la maldad ha echado tantas raíces que la justicia del hombre está al servicio de estos, incluso hay mecanismos mucho más sofisticados que lo sustentan y validan  y esto se ve muy bien en el colegio que es un mundo distinto que refleja  al otro con  todas sus virtudes y defectos de manera que podemos  decir  sin  temor que en estos  dos mundos  también lamentablemente impera la maldad:  “Para el Padre-Director, el hacendado  por definición  es bueno  y necesario ya que contribuye  al crecimiento  y manutención  del clero  y más  importante  aún provee los medios  espirituales y físicos mediante los cuales  los indios  adoran  a Dios  en la única  forma  posible”10.

           Otra vez se vuelve a repetir  ese trío nefasto   que tanto daño hizo a la comunidad andina (juez-cura-hacendado) se orquestan una vez más y complotan para seguir reinando en ese mundo de miseria y explotación, cuanto más ignorante y desvalido sea la población mejor para ellos.

En consecuencia no es de extrañar que cualquier acto individual para querer revertir la situación pase por un asunto inadvertido, pues no es suficiente el valor individual para desarticular a toda esa organización, al no poder ingresar  por esa vía  se recurre a la opción natural, propia del hombre imaginativo. Siendo el espacio mítico el lugar ideal en donde se opera una verdadera transmutación de valores -que traduce la revancha de los oprimidos sobre lo opresores- no es sorprendente que solo la soledad, el sufrimiento, locura y la muerte permiten acceder a él” 11.

           El espacio mítico será pues el medio de la salvación para esos seres oprimidos, este es el único lugar donde ellos podrán desarrollar todo lo que no pueden en el mundo real, toda esa carga de tradición, mito y leyendas convierten la vida cotidiana del hombre andino  en un acontecimiento cargado de riqueza y esperanza. Será la fraternidad el secreto del surgimiento de todo ese poderío antiguo que se basaba en normas  básicas  y lógicas, es la hermandad la base principal de la vida mejor y para  que se vuelva a dar lo que significó una maravilla  se necesita el concurso de hombres íntegros:
“Juzgo y creo que en el Perú, las  grandes masas insurgentes lograrán  conservar muchas de sus viejas  y persistentes tradiciones:  su música, sus danzas, la  cooperación en el trabajo  y la lucha sin la cual no  habrían podido elevarse a la altura  en que  se encuentran, aunque todavía habiten las zonas  marginales  de las ciudades”12.

Como se puede apreciar es necesaria la refundación de todo lo actuado  y a partir de ahí actuar sobre la base  del individuo y que en la actualidad se lo está reduciendo al simple papel (material-obrero). Se lo representa como un ente inhumano, como un objeto siempre  sujeto  al gamonal. Entonces lo que se estaría proponiendo es el encuentro  del hombre  con sus tradiciones, es una vuelta al pasado  para ser mejores, pues de nada serviría seguir actuando  si se sabe muy bien  que nuestro actual  destino  es la total destrucción tanto material como simbólica, de esa manera: Como dice Nelson Arguedas aprecia  la historia porque sabe que es encarnación  de una cultura, de un país, de una tierra milenaria, de una historia muy larga” 13.
  De esa manera el narrador abrirá gradualmente el panorama para sacar, tras  la  evaluación,  nuestro propio análisis.


  
ERNESTO POR EL SENDERO DEL BIEN

           Ernesto encuentra por donde se desplaza muros insalvables tanto en la ciudad como en el internado, vivirá   tratando  de comprender  el porqué  de las cosas  malas   y en cierta medida  no conseguía  entenderlo del todo bien, es la misma irracionalidad  la que gobierna  y que por su consistencia  es difícil  que se derrumbe  o doblegue, por eso como una fuente  de salvación   recurrirá  a esa  salida  que le hace bien . “El muchacho a los catorce años  tiene en su pasado  personal  una inagotable  fuente  de estímulo, corresponde a su estada  en el ayllu  donde le  infundieron “la impagable ternura en que vivo” según cita el autor. Por esto, para Ernesto  la felicidad  se conjuga  con el  pasado” 14.

           Trata de esa manera de  reencontrarse con la felicidad  perdida, es el único medio donde se siente  libre como las aves silvestres, es allí donde adquiere  los primeros caracteres  del orden  comunal  establecido, es así como luego   no podrá distinguir con facilidad  esa maldad  monstruosa que se le viene  con furia, el paso del tiempo   y los  otros ámbitos, ajenas a él, le enseñarían que la vida  no estaba hecho de risas  ni de flores, sino de algo  que es  en sí mismo   contradictorio  y difícil, por ese motivo su caso  será uno de los más problemáticos  y curiosos, para paliar  este difícil momento  recurrirá al servicio  pasivo pero actuante en la naturaleza: “Arguedas, tiene la visión de la naturaleza  como algo vivo, es decir, un mundo  que no  es algo meramente físico  y externo, sino  que nos abarca, del cual todo nuestro ser forma parte” 15.
           En la  síntesis  entre lo humano  y la naturaleza,  esta comunión hace que la vida  sea más llevadera, constituye una suerte de parachoques contra toda adversidad, en este lugar  recién  puede  pensar  bien  y cada vez que está por explotar, querrá salir del colegio-cárcel  para apaciguarse  y así formular soluciones para  su  inmediato  actuar, entonces la naturaleza  será  para  él el mejor lugar posible  que constantemente  le estará  brindando  desasosiego y tranquilidad, esta es pues, el escenario donde viven y vivieron  las personas que el tanto  estima y porque de alguna manera   la naturaleza   estaría  supliendo  el lugar dejado por su madre. “Los  elementos de la naturaleza  y los hombres  están siempre  en movimiento y ese movimiento  es predominantemente positivo” 16.

Tomará  a la naturaleza como algo suyo y así como  la estima  también la defenderá,  por esa razón  odiará a esos   destructores y asesinos. Su diario actuar  se reduce  a un luchar por salvarse  pues su transparencia  e incorruptibilidad  están por encima de cualquier acto  que no supere los límites de la mediocridad, se valdrá de los elementos de la naturaleza  para darles un sesgo   metafórico  y simbólico como por ejemplo ese objeto  que es curioso  y enigmático  a la vez, “el Zumbayllu”, este objeto encarna lo real, genera lazos de fraternidad, incluso sirve para la reconciliación con Rondinel, los niños juegan en torno  de este objeto y se liberan de toda carga negativa, pues este objeto cumple  una función  catártica, purificadora, pero no solo genera alegría sino  que también  fortifica  el ánimo  en momento  de gran debilidad, el wincu  no será como los otros objetos, este tendrá la cualidad  de tener vida y alma,   es capaz de  salvar  grandes distancias  y servirá  como hilo  conector  de dos realidades distantes en un mismo  tiempo, este elemento catalizador encuentra su par   en algo que es todavía más  profundo, más vívido: el huayno. Es una música entrañable, libre, que cumple su rol liberador, hace acordar lo que en  algún momento  marcó su  existencia  y es visto con mucha  carga pasional pues esta  refleja  todo el sentimiento profundo  del hombre  andino. “El hablar y cantar del río constituye  por eso el lugar  donde el individuo y comunidad  se   compenetran y no se trata simplemente  de un rasgo  temático  sino  del proceso  de composición que esta prosa  se produce  musicalmente“ 17.
 
Esta forma de expresión (que transmite dolor  y ausencia), pasaría  inadvertido  si no  trajera  consigo  ese  intercambio  energético  que irradia tanto en el individuo  como en el ambiente, gracias a esa conexión para  con el mundo  le servirá  como un  arma más  para su lucha contra el mal, será un mecanismo de defensa en sus momentos de profundas  angustias. Con estos elementos   y  con su afán  supremo  de recordar  trata de asimilar  esa conflictiva situación para luego romper  las jerarquías existentes, luchará denodada  e indesmayablemente  y aunque será tentado  mil  veces para  transitar  por el camino  fácil  de la maldad  no lo  hará, él  nunca  toca   a la  opa   Marcelina, jamás pensará  en  hacerlo, con esa acción ha superado  ampliamente  al hombre ordinario.
“Dentro  de una concepción  de raíz  claramente hispana-católica, el sexo se convierte  en el mal  por  antonomasia. Es con mayúscula, el Pecado” 18.

 Marcelina simboliza  el pecado, es la única mujer  que está en ese mundo de locos (internado)  y más  por su condición  retardada que de mujer, será objeto de abusos, pero no solo de los alumnos, sino también  de los  tutores  de estos. Es al igual que el ayllu   un ente sufriente.  Ella pasa en el internado  lo que los indios  en la  sociedad: es víctima del abuso, este hondo pesar  pareciera  no tener fin,  sigue el camino   largo  de la injusticia, el viejo continuará  explotando a esos  que para él  no son  más  que simples instrumentos, la opa  seguirá pudriéndose, Gabriel  seguirá  perdido  por el laberinto de las leyes   y comunidades  y Ernesto quién  sabe  a dónde  irá. En  esta situación   de contrastes,  es sumamente importante avizorar  un  futuro  desalentador; sin embargo,  la proposición   implícita  que circunda  en toda la obra   es que la solución  no está aquí   ni  allá, sino  en el cambio cualitativo, ahí  recién el país  obtendrá  lo justo   de su  esfuerzo, recién en esa instancia  se  hablará  del bien  común. Desde ese momento la fidelidad  de por vida  que le tiene  el runa, tanto  que  podía  ofrecer  su  vida  solo para la satisfacción  del  misti, se hará en mil pedazos, la cadena  servil se romperá.

Este añoro  por la sociedad justa  es propio de los seres  marginados, su visión  para con el  mundo  le  hace  un llamado  a replantear lo andado, le  urge  buscar   soluciones inmediatas para tratar de romper esa uniformización que  ha  impuesto  “la gran nación  cercadora”, se intenta romper  con la tradición  del servilismo  y el pongaje  y para esto, Arguedas  estaría  proponiendo. “Contra la  creencia  infundida, que hemos oído sostener  alguna  vez, de  que Arguedas  aspirara a una especie  de autarquía cultural  del indio, nos parece que lo dicho  en su obra, y su vida  misma, tiende hacia el mestizaje, no de la sangre, sino de las ideas, con las fuerza del futuro” 19. 
           Esta  proposición es una movida maestra  pues es imposible que un día  el grupo  opresor desaparezca,  entonces  se propone como solución  el mestizaje  de ideas  que es, en apariencia, más  lógico  y viable; sin embargo,  esta afirmación,  cuando se la lleva  a nivel  simbólico (que busca permanentemente su materialización), no es otro que la invasión de los colonos  a la ciudad, esta habría sido una de las ideas centrales  que habría perseguido  Arguedas  a lo largo de toda la novela, si a nivel simbólico  los colonos  fueron  capaces, movidos  por  la “fe”  y una  “mística”  de llegar  a la ciudad  por qué no hacerlo  para  su  propio  bienestar  pues lo único que perderían  de esa acción  sería  sus  oprobiosas  cadenas, el levantamiento  de esas mujeres  “revolucionarias”  es una prueba de ese grito retenido durante mucho tiempo. “Si el motín de las chicheras fue una subversión   del orden  social, la presencia de la peste será  una  subversión  del orden  natural” 20.

           Ernesto irá  pasando por dificultades cada vez más insoportables, esta secuela de mala  suerte  le viene  desde antes, se inició con la muerte de su madre, su propia vida  es un continuo rodar, su casa será  el mundo  y más  que el mundo  la naturaleza, su madrastra lo trata  como  a un  ser  indigno, su propio tío  será  su enemigo  porque en este viejo avaro se encarna la maldad  no solo moral  sino  también   social, el único lazo familiar es su padre  pero se  llegará  a romper  por el alejamiento  de este  (Gabriel es aquel  hombre  que está  absorbido  por el sistema), solo quiere trabajar  y trabajar, tanto así que se olvida de vivir, la frustración también hará presa  de él, lleva una vida  destrozada, su primera mujer  ha muerto, con la segunda  no lleva  una vida   hogareña, tiene  pugnas con su hermano `el viejo` quien querrá hundirlo como  sea.

El intervalo  es otro  mundillo  y la diferenciación  es evidente con la división   de dos  patios, uno estará  bien cuando hay luz mientras   que el otro  es  lo contrario, en el lado oscuro se constituirá  el espacio del mal, creando sus propias reglas y condiciones. Se harán evidente los abusos, maltratos, desprecios, la  diferenciación social   y racial   será una constante: Añuco es hijo del terrateniente, Romero tocaba  y cantaba  huayno, es el único  que se enfrenta a Lleras, la Opa  que  seguía saliendo  del cuarto  del padre, no era india, Palacios, el más humilde, provenía del ayllu, Lleras es el abusivo, Peluca siempre  estará detrás  de la Opa, Chauca, el rubio,  tenía malos  pensamientos, es el ultrajador, Antero (Candela)  traerá el objeto deseado, Valle es ateo pero  a la vez irradiará elegancia, leía a Rubén Darío, sus tratos eran  despectivos. El internado  es la suma de contradicciones, donde tanto el bien como el  mal están en constante  pugna, es un tira y afloja y esto  tensiona  más  el momento.

Su problema no solo es un problema  individual, que se  genera  del propio yo,  sino que también el elemento exterior  le hace llegar sus problemas, para convertirlo, sin  querer en  un individuo  sufriente, antes de conocer su realidad era feliz, quizá hubiera preferido   no  conocerlo  nunca. Para su edad Ernesto ha sufrido mucho, se golpea duramente contra el muro  de la realidad, su vida es un reflejo de lo que le está pasando a los niños de la actualidad y como si fuera poco  su infortunio   no quedará allí, el porvenir de  su vida   es incierto, aparte  de ser forastero  es huérfano  tanto  de madre  como de padre  (este  no llena  ningún vacío  por su misma ausencia). Sin embargo, esa acumulación de pesares  harán de él un individuo consciente de su realidad  y como tal comprometido, él no se refugiará  en su soledad  ni en el desánimo, sino que será, azuzado por la necesidad, una chispita  que encenderá el prado. 
Apoyará incondicionalmente el levantamiento de las mujeres (las chicheras) la causa de ellas también será su causa, sentirá respeto  y admiración por doña Felipa (ellas fueron las que hicieron correr a los guardias). Este motín será clave en el aspecto simbólico  de la novela  y aunque la toma  de poder es breve, insertará en el corazón  de los hombres el anhelo de libertad  bifurcando  de esa manera  los senderos  de la esperanza y la alegría, es una necesidad imperiosa  la que les mueve  a ese acto  que ya se venía  venir  en cualquier momento, fue como  una sorpresa  que, al no poder  contener  tanta furia, explota de pronto  con energía y virulencia. Así como el propio levantamiento  del grupo integrante  también causará  curiosidad, son una especie rara en germen, pero tienen fuerza,  es un nuevo grupo social  que se abrirá paso causando explosiones  por doquier: ellos son los mestizos. Este grupo guarda  tras de sí  toda una riqueza  tradicional, tienen y no tienen, hablan en quechua y en español, ríen y cantan y así como bailan  el huayno  también disfrutarán  de la marinera, representarán  a esa clase emergente que trata de hacerse lugar  en este mundo polarizado.

Este  accionar a pesar  de no traer grandes  logros  deja una moraleja para toda la población: sin lucha no hay victoria. Solo la unidad puede hacer posible los sueños más caros, se tiene que eliminar toda piedra  que dificulte el camino al progreso. Ernesto por esta razón simpatizará rápidamente con ellos y más que ser un aliado  será uno más del grupo. Esta acción no solo es  una toma de conciencia para ellos, también lo es para los otros, que para no verse perjudicados tomarán sus precauciones  rápidamente, no se llega a mayores  por dos motivos que se ligan de alguna manera: el mal está fuertemente constituido  y el levantamiento de las chicheras es heroica pero espontánea, carece de bases ideológicas concretas.

El aparato militar que se despliega  es tan servil como contundente, causarán más estragos  que el motín mismo y esto se explica porque con ellos  ya va toda una intencionalidad que no es otra que la demostrar que ellos tienen el poder. Ernesto querrá estar permanentemente en la acción, en el cambio, aunque no se diga esa también es su lucha, hay un anhelo de victoria. Si pudieron movilizarse, incentivados por el mito y la peste, es muy probable que lo hagan  por la causa de su propia liberación. Si bien es cierto que las utopías son solo utopías  se tiene que ver este problema desde un punto de vista crítico, la imparcialidad es central en este tipo de contradicciones.
En este clima inusitado de sucesos podemos percibir cómo  la violencia se va institucionalizando, Ernesto en su recorrido puede comprobar cómo el mal se posesiona en el alma y cuerpo de muchos personajes, el mal no es un ente único  ni estable,  está en todo lugar y en toda circunstancia, es ineludible su poder maligno; muchos sucumben a la ferocidad, con que el mal obra, se disfraza en la miseria, en el ultraje sexual, en la avaricia y en la explotación; el pecado deshumaniza al hombre, hasta su envilecimiento total, estas características  no solo lo alejan de la naturaleza sino también de sí mismo.

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1 PINILLA, CARMEN MARÍA. Arguedas. Conocimiento y vida, 1994, pág. 247.
 
2 MUÑOZ, SILVERIO. José María Arguedas y el mito de la salvación por la cultura, 1980 pág. 46.
3 URDANILLIA, EDUARDO. José María Arguedas en la Molina, 1992, pág.27.
4 OQUENDO, ABELARDO. José María Arguedas: un mundo de mostruos y de  fuego, 1993, pág 207.  
5 COJO POLAR, ANTONIO. Los Universos narrativos de José María Arguedas, 1973, pág. 143.
6 TAURO, TALÍA. Psicopatología y Amor  en la obra de José María Arguedas, 1992, pág. 80.
 
7 CORNEJO POLAR, Antonio. La Novela Peruana. Lima989, pág. 189.
8 URRELO, ANTONIO.  José María Arguedas. El nuevo  rostro  del indio  una estructura mítico-poética, 1974, pág. 133.   
9 URRELO, ANTONIO. Ibid pág.155.
10 KLARÉN, SARA. El mundo mágico de José María Arguedas, 1973, pág. 111.
11 FORGUES, ROLAND. José María Arguedas: Del pensamiento dialéctico al pensamiento trágico. Historia de una utopía, 1989, pág. 384.  
12 ESCOBAR, ALBERTO. Arguedas. La utopía de la lengua., 1984, pág.63
13 MARUJA MARTÍNEZ Y MELSON MANRIQUE (compiladores) Amor y fuego, José María Arguedas 25 años después, 1995, pág. 67.
 
14 CORNEJO POLAR, ANTONIO. La novela peruana, 1969, pág.156.
15 MARUJA MARTÍNEZ Y MELSON MANRIQUE (compiladores) Ibid.1995 pág.367
16 HILDEBRANDO PÉREZ, ROLAN FORGUES Y CARLOS GARAYAR
16 (COMPILADORES). José María Arguedas. Vida y Obra, 1991, pág.161.  
17 ROWE, WILLIAM. Ensayos Arguedianos.1996, pág.63.  
18 CORNEJO POLAR, ANTONIO. Los Universos Narrativos de José María Argueda, 1973, pág 143.
19 LÉVANO, CÉSAR. Arguedas: Un sentimiento trágico de la vida, Labor, 1969, pág.59.  
20 ORTEGA, JULIO, Texto, comunicación y cultura. Los ríos profundos de José María Arguedas, 1982, pág.29.
  


(Perú, 1979). Candidato a Doctor en literatura por la Universidad Paris X- Nanterre. Magíster en Literatura General y Comparada por la Universidad  Paris III -Sorbonne Nouvelle. Licenciado en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado La vida no vale nada (relatos, 2005) El día de mi suerte (novela, 2006)  Hojas de Otoño (nouvelle, 2009), Atahualpa, el inca que nunca muere (ensayo, 2011) Ella soñaba con el mar (nouvelle, 2012) Ha dictado conferencias como profesor invitado en la universidad Paul Valéry-Montpellier 3, Complutense de Madrid y en Cambridge of university. Asimismo colabora en diversos medios literarios. Ha sido finalista del Premio Internacional Juan Rulfo 2008. Radica en Francia.